La JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes), que es un organismo de la ONU encargado de velar por el cumplimiento de los tratados sobre drogas, ha demandado a los gobiernos de Perú y de Bolivia, los mayores productores de la hoja de coca en el mundo, que prohíban a sus ciudadanos masticar la hoja de coca así como beberla en infusiones, así mismo les ha exigido que hagan mayores esfuerzos para erradicar ambas prácticas.
Esta demanda ha hecho saltar hasta el techo a los defensores del consumo de la hoja de coca, tanto en Perú como en Bolivia, lugares donde han calificado a la hoja de coca como una “hoja sagrada”.
El gobierno Boliviano ha manifestado que se trata de una medida “colonialista” y “criminal” el hecho de prohibir a los ciudadanos bolivianos masticar (chacchar) la hoja de coca. En el Perú, el gobierno a través de su canciller, a manifestado que continuarán respetando el uso tradicional de la hoja de coca.
Pues bien, hay que recordar que el Perú, en 1961, ante este mismo organismo, se comprometió a erradicar el (chacchado) masticado de la hoja de coca en un periodo no mayor de 25 años. Pero en el primer de gobierno de Alan García, éste manifestó que no cumpliría con este compromiso de la misma forma que no cumplió con otros compromisos.
Según datos estadísticos, en el Perú no hay más de 250,000 individuos que mastican la hoja de coca y que la usan además en ritos religioso-paganos; si lo hubiera, significaría 0,1% de la población peruana, un porcentaje insignificante como para decir que el Perú tradicionalmente mastica la hoja de coca, estos masticadores en un 90% se encuentran en los departamentos de Puno, Cuzco, Apurimac y Ayacucho, y el 10% en el resto del Perú; concentrándose la mayor parte en el departamento de Puno por su afinidad cultural con Bolivia.
Es bueno también recordar que el consumo de la hoja de coca en la época de los Inkas, se hacía dentro de una élite entre mandatarios y sacerdotes, especialmente con motivos religiosos, no era de consumo masivo. El consumo masivo de la hoja de coca entre los indígenas fue estimulado por los españoles con la única finalidad de aumentar las horas de trabajo que realizaban éstos. El masticar o chacchar que consiste en introducir en la boca hojas secas de coca formando un bolo para extraer de ella las sustancias activas y estimulantes ayudados por otras sustancias alcalinas como la cal viva o la ceniza alcalina, no es de ninguna manera una costumbre peruana, es una costumbre de algunos peruanos, por lo tanto no se pude hablar de una “cultura ancestral”.
Se ha demostrado científicamente que el masticar la hoja de coca y extraer esas sustancias activas y estimulantes, mitiga la sensación de hambre, de sed y de cansancio, por lo tanto tiene que hacer daño a la salud, porque no se deja reaccionar al organismo a las sensaciones normales.
Hay muchas personas, que le han encontrado una serie de virtudes a la hoja de coca, es posible que sea así, como toda planta. La coca (Erythroxylum) contiene vitaminas y determinados oligoelementos que son beneficiosos para la salud, como cualquier otra planta, sin embargo todos sabemos que no precisamente se cultiva y se consume por obtener esos beneficios y que perfectamente se pueden obtener de otras plantas menos dañinas.
En consecuencia creo yo que el Perú, debe atender la recomendación de la JIFE y cumplir el compromiso de erradicar el consumo de la hoja de coca en todas sus formas. Recordemos que los únicos beneficiados con la producción de la hoja de coca, son los narcotraficantes, los comercializadores de drogas, algunos congresistas y ahora los narco-terroristas.
De Bolivia por esta vez no me ocuparé con este tema, simplemente porque es muy difícil razonar con una población cuyo gobierno todavía piensa que una medida como la que recomienda la JIFE sea “colonialista”, recordar que a la piedra solamente se le parte con otra piedra, pero más dura.
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